2 de febrero, 2017
En mi última noche en esta extraña casa ubicada en tal amargado pueblo, del que solo recordaré tristes desventuras,despido esta larga estancia que me ha transformado en un lúgubre monstruo sembrado de remordimientos.
Pensaba que no era inocente, y a pesar de ello, el último atisbo de mi bondad ha quedado enterrado en el somier de hierro de la vieja cama, la que me ha traido mil pesadillas y en brazos de los fantasmas de tan maldito lugar en la tierra: Kay.
Los primeros recuerdos de Alemania fueron extraños; de toque agridulce, porque así como fallé mi palabra a un amor sincero, ahora es mi amor sincero fallado por su palabra: el tiempo, querida, siempre nos pone en nuestro sitio, y yo estoy pagando lo que te hice en mi dia.
Pero sigamos: como el voleteo de una mariposa, vienen aquellos recuerdos:
El cielo era azul y los prados dorados se extendían y coronaban una pequeña colina, de donde destacaba un campanar y poco más.
Fuimos los primeros en llegar y ya nos esperaban los caseros con una gran sonrisa; ella rubia;él moreno.
La casa había sido de los abuelos, y aún quedaba una gran esencia de ellos en el mobiliario y en el altar en su memoria- aquella cara era idéntica a la señora de mi sueño-.
A mala fortuna quedaba compartir con aquél muchacho, del que no sabía nada y con un solo vistazo ya venía preescrito que no nos llevaríamos bien- ¡ay, si lo sabía...!¡que estúpida fuí!-.
Pero el gran consuelo fue el silencio y los bosques, los pájaros y los últimos sueños que pude disfrutar...todo estaba cubierto en esta agradable niebla a la que llamamos esperanza,en este típico rasgo humano que nos hace de cristal.
El trabajo era duro pero como siempre, cuando se crea una rutina se puede aprender...aunque el idioma fuera complicado y los horarios nocturnos empezaron a hacer mella en la psíque...
Supongo que aquí tengo mi único consuelo, escribir cartas aleatorias de las memorias para ser capaz de avanzar hacia Traunstein.
Buenas noches y hasta la próxima.
17 de Abril 2017
En este extraño hilo de acontecimientos, me encuentro volviendo a este lugar llamado memoria; este dolor que nunca termina, como no parece terminar esta historia.
Recuerdo el suave vuelo de las sombras, incluso en los inocentes días de verano; las avispas formaban coronas de veneno.
Yo, mirándome como era, triste la nostalgia de aquella ciega inocencia.
Poco a poco vino la soledad; y es que una cosa es cuando es buena compañía y la otra es cuando se vuelve un mordisco en la garganta, tan dolorosa que no puedes ni hablar.
¿Lo estoy?
Era como vivir en un paraíso; aquellos bosques,los perfumes de las flores silvestres y el cálido sol besando mi nuca de tanto en tanto.
Aquellas aves tan grandes que aleteaban alrededor de las pequeñas ciénagas, la maleza y sus insectos; en toda aquella belleza mi existencia se convertía en la de un tímido huésped, que encontraba un consuelo a los días que poco a poco se volvían amargos.
¿Sería siempre así?
Buenas noches y hasta la próxima.
13 de Septiembre 2017
Y pareció volverse un estigma, siempre en mi garganta: Aquél eterno llanto que nunca pude expresar en palabras.
En aquél paraíso que poco a poco se volvió un infierno:
Trabajaba de noche, en los cálidos hornos, una casa después de la mía.
¡Qué inocente era!
Aunque los recuerdos llenos de remordimientos aún corroían mis sienes, después de dos años de locura que jamás llegué a aceptar: como los alcohólicos que no ven su propio problema.
La soledad empezó a hacerse sórdida, y acepté una mala amistad con un mal hombre, de piel moruna: el inicio de toda paz estaba muy pronto por terminar.
¿Porqué no pude amistarme con mi propia soledad, porqué no pude aceptar mis demonios?
Hubiera sido más sencillo descender en mi vórtice de dolor, pero como estúpida que fui , decidí coger la mano a la amistad en vez de curarme, es decir: acobardada por la magnitud del pozo sin fondo de mi tormento, decidí taparlo con cualquier estímulo exterior sin calibrar las posibles consecuencias.
Y aún me fustigo pensando en ello.
Que bonito, en ese momento, tener una amistad; conocer a su familia, ir a sitios que nunca pude ir por mi propio pie, pues vivía aislada y sin coche.
Que bonito, trabajar con alguien con quien te llevas bien.
Hasta que las cosas se torcieron, y mostró su auténtica cara-que estúpida fui.
Que bonito, el acoso constante en un idioma que no entendían el resto de Alemanes. Que bonito y denigrante, las amenazas, los gestos obscenos, las proposiciones incidentes, el que te digan ''sé donde vives y puedo entrar esta noche'', que bonito el terror, la asfixia, las lágrimas de cólera que nadie entendía, que bonito el maldito infierno teñido de las cicatrices que aún llevo.
Que bonitas las discusiones cada día, los malos rollos y todas sus consecuencias que me salpicaron de una manera increíble.
Deseaba, mirando las estrellas cda madrugada, ser libre algún día, de aquél infierno,
Deseaba, a veces, simplemente morirme.
Y, a veces, lo único que me quedaba era recordar la gente que alguna vez me amó y yo, imbécil de mi, dañé.
Se volvió un círculo vicioso,
El de dormir y trabajar, y dormir otra vez para olvidar, porque mis sueños se volvían más interesantes y agradables que la propia realidad.
Es irónico, cuando se cree que se ha tocado fondo- las desgracias van de mano en mano,
y justo cuando pensaba que nada podía ir a peor, algo sucedió.
Poco a poco, des de Agosto, mis manos empezaron a experimentar algo extraño y doloroso.
Como memoria, necesito incluir una imagen para no olvidar como el infierno que había vivido,
era sólo una pequeña introducción a algo peor.
Si soy sincera, pensé que estaba maldita, que alguien me había hecho el mal,
pero, al final, pensé que el mal me lo había hecho a mí misma con las decisiones tan pobres que había hecho en mi vida.
Veo esa fotografía y recuerdo como no quería hacerme la débil, como trabajaba en los hornos con un dolor tan intenso que no puedo expresar;
No quería ser vista como la típica chica-la única en el horno- así que exprimí mi ser hasta la última gota, a veces trabajando con guantes, que aún era peor- el pus y la sangre se pegaban en los guantes de algodón-
Nadie lo tuvo nunca en cuenta, el esfuerzo que me supuso física y psicológicamente...
Un día, la jefa me hizo limpiar el suelo de la furgoneta con un cubo de agua y un cepillo.
A cuatro patas, en el suelo de aquél coche, mientras los clientes entraban a la panadería, empezé a pensar el sentido de todo aquello.
Lo hice lo mejor que pude, con la poca energía que me quedaba y con tres pares de guantes para proteger lo que se pudiera de mis estropeadas manos.
Y sangraban, créeme, debajo de capa y capa, y dolían...
Dolían, como me dolía dormir en la noche con el fuego que latía en ellas: era horrible, las palabras no me llegan para definir tan singular y punzante dolor, tan agudo y cruel que deseaba, simplemente, cortarme las manos.
Y no es una pequeña broma o una anécdota: deseaba tanto terminar con tanto sufrimiento que muchas veces, en medio de la noche, me planteaba cortármelas.
Al final, lo que hacía, era rascarme, rascarme, rascarme, en un éxtasis de dolor sangrante y viscoso, que teñía mis manos y mi cabeza.
Me rascaba y rascaba, y las manos se me estropeaban más y más, se inflamaron tanto que no podía abrir ni los simples tapones de las botellas.
Y un día, en la escuela me quejé del dolor y todo cambió, en un camino eterno entre dermatólogo y dermatólogo, hasta terminar en una clínica.
No puedes trabajar allí- me dijo una profesora.
Tienes Ekzema de contacto crónico- me dijo el doctor.
Buenas tardes y hasta la próxima.
En mi última noche en esta extraña casa ubicada en tal amargado pueblo, del que solo recordaré tristes desventuras,despido esta larga estancia que me ha transformado en un lúgubre monstruo sembrado de remordimientos.
Pensaba que no era inocente, y a pesar de ello, el último atisbo de mi bondad ha quedado enterrado en el somier de hierro de la vieja cama, la que me ha traido mil pesadillas y en brazos de los fantasmas de tan maldito lugar en la tierra: Kay.
Los primeros recuerdos de Alemania fueron extraños; de toque agridulce, porque así como fallé mi palabra a un amor sincero, ahora es mi amor sincero fallado por su palabra: el tiempo, querida, siempre nos pone en nuestro sitio, y yo estoy pagando lo que te hice en mi dia.
Pero sigamos: como el voleteo de una mariposa, vienen aquellos recuerdos:
El cielo era azul y los prados dorados se extendían y coronaban una pequeña colina, de donde destacaba un campanar y poco más.
Fuimos los primeros en llegar y ya nos esperaban los caseros con una gran sonrisa; ella rubia;él moreno.
La casa había sido de los abuelos, y aún quedaba una gran esencia de ellos en el mobiliario y en el altar en su memoria- aquella cara era idéntica a la señora de mi sueño-.
A mala fortuna quedaba compartir con aquél muchacho, del que no sabía nada y con un solo vistazo ya venía preescrito que no nos llevaríamos bien- ¡ay, si lo sabía...!¡que estúpida fuí!-.
Pero el gran consuelo fue el silencio y los bosques, los pájaros y los últimos sueños que pude disfrutar...todo estaba cubierto en esta agradable niebla a la que llamamos esperanza,en este típico rasgo humano que nos hace de cristal.
El trabajo era duro pero como siempre, cuando se crea una rutina se puede aprender...aunque el idioma fuera complicado y los horarios nocturnos empezaron a hacer mella en la psíque...
Supongo que aquí tengo mi único consuelo, escribir cartas aleatorias de las memorias para ser capaz de avanzar hacia Traunstein.
Buenas noches y hasta la próxima.
17 de Abril 2017
En este extraño hilo de acontecimientos, me encuentro volviendo a este lugar llamado memoria; este dolor que nunca termina, como no parece terminar esta historia.
Recuerdo el suave vuelo de las sombras, incluso en los inocentes días de verano; las avispas formaban coronas de veneno.
Yo, mirándome como era, triste la nostalgia de aquella ciega inocencia.
Poco a poco vino la soledad; y es que una cosa es cuando es buena compañía y la otra es cuando se vuelve un mordisco en la garganta, tan dolorosa que no puedes ni hablar.
¿Lo estoy?
Era como vivir en un paraíso; aquellos bosques,los perfumes de las flores silvestres y el cálido sol besando mi nuca de tanto en tanto.
Aquellas aves tan grandes que aleteaban alrededor de las pequeñas ciénagas, la maleza y sus insectos; en toda aquella belleza mi existencia se convertía en la de un tímido huésped, que encontraba un consuelo a los días que poco a poco se volvían amargos.
¿Sería siempre así?
Buenas noches y hasta la próxima.
13 de Septiembre 2017
Y pareció volverse un estigma, siempre en mi garganta: Aquél eterno llanto que nunca pude expresar en palabras.
En aquél paraíso que poco a poco se volvió un infierno:
Trabajaba de noche, en los cálidos hornos, una casa después de la mía.
¡Qué inocente era!
Aunque los recuerdos llenos de remordimientos aún corroían mis sienes, después de dos años de locura que jamás llegué a aceptar: como los alcohólicos que no ven su propio problema.
La soledad empezó a hacerse sórdida, y acepté una mala amistad con un mal hombre, de piel moruna: el inicio de toda paz estaba muy pronto por terminar.
¿Porqué no pude amistarme con mi propia soledad, porqué no pude aceptar mis demonios?
Hubiera sido más sencillo descender en mi vórtice de dolor, pero como estúpida que fui , decidí coger la mano a la amistad en vez de curarme, es decir: acobardada por la magnitud del pozo sin fondo de mi tormento, decidí taparlo con cualquier estímulo exterior sin calibrar las posibles consecuencias.
Y aún me fustigo pensando en ello.
Que bonito, en ese momento, tener una amistad; conocer a su familia, ir a sitios que nunca pude ir por mi propio pie, pues vivía aislada y sin coche.
Que bonito, trabajar con alguien con quien te llevas bien.
Hasta que las cosas se torcieron, y mostró su auténtica cara-que estúpida fui.
Que bonito, el acoso constante en un idioma que no entendían el resto de Alemanes. Que bonito y denigrante, las amenazas, los gestos obscenos, las proposiciones incidentes, el que te digan ''sé donde vives y puedo entrar esta noche'', que bonito el terror, la asfixia, las lágrimas de cólera que nadie entendía, que bonito el maldito infierno teñido de las cicatrices que aún llevo.
Que bonitas las discusiones cada día, los malos rollos y todas sus consecuencias que me salpicaron de una manera increíble.
Deseaba, mirando las estrellas cda madrugada, ser libre algún día, de aquél infierno,
Deseaba, a veces, simplemente morirme.
Y, a veces, lo único que me quedaba era recordar la gente que alguna vez me amó y yo, imbécil de mi, dañé.
Se volvió un círculo vicioso,
El de dormir y trabajar, y dormir otra vez para olvidar, porque mis sueños se volvían más interesantes y agradables que la propia realidad.
Es irónico, cuando se cree que se ha tocado fondo- las desgracias van de mano en mano,
y justo cuando pensaba que nada podía ir a peor, algo sucedió.
Poco a poco, des de Agosto, mis manos empezaron a experimentar algo extraño y doloroso.
Como memoria, necesito incluir una imagen para no olvidar como el infierno que había vivido,
era sólo una pequeña introducción a algo peor.
Si soy sincera, pensé que estaba maldita, que alguien me había hecho el mal,
pero, al final, pensé que el mal me lo había hecho a mí misma con las decisiones tan pobres que había hecho en mi vida.
Veo esa fotografía y recuerdo como no quería hacerme la débil, como trabajaba en los hornos con un dolor tan intenso que no puedo expresar;
No quería ser vista como la típica chica-la única en el horno- así que exprimí mi ser hasta la última gota, a veces trabajando con guantes, que aún era peor- el pus y la sangre se pegaban en los guantes de algodón-
Nadie lo tuvo nunca en cuenta, el esfuerzo que me supuso física y psicológicamente...
Un día, la jefa me hizo limpiar el suelo de la furgoneta con un cubo de agua y un cepillo.
A cuatro patas, en el suelo de aquél coche, mientras los clientes entraban a la panadería, empezé a pensar el sentido de todo aquello.
Lo hice lo mejor que pude, con la poca energía que me quedaba y con tres pares de guantes para proteger lo que se pudiera de mis estropeadas manos.
Y sangraban, créeme, debajo de capa y capa, y dolían...
Dolían, como me dolía dormir en la noche con el fuego que latía en ellas: era horrible, las palabras no me llegan para definir tan singular y punzante dolor, tan agudo y cruel que deseaba, simplemente, cortarme las manos.
Y no es una pequeña broma o una anécdota: deseaba tanto terminar con tanto sufrimiento que muchas veces, en medio de la noche, me planteaba cortármelas.
Al final, lo que hacía, era rascarme, rascarme, rascarme, en un éxtasis de dolor sangrante y viscoso, que teñía mis manos y mi cabeza.
Me rascaba y rascaba, y las manos se me estropeaban más y más, se inflamaron tanto que no podía abrir ni los simples tapones de las botellas.
Y un día, en la escuela me quejé del dolor y todo cambió, en un camino eterno entre dermatólogo y dermatólogo, hasta terminar en una clínica.
No puedes trabajar allí- me dijo una profesora.
Tienes Ekzema de contacto crónico- me dijo el doctor.
Buenas tardes y hasta la próxima.
