La ventana se abrió, con un suave susurro, dejando entrar una brisa fría que te despertó de tus pensamientos.
al estar a punto de cerrar de nuevo la ventana, viste entre la calle y la otra terraza un hermoso conejo blanco brincar alegremente, dejando un rastro de copos de nieve a cada salto
y en su camino, todo se volvía escarcha
Que debías hacer? seguir aquél animal?
Miraste un minuto hacia atrás, como si te aseguraras de que nadie supiera lo que ibas a hacer; a lo lejos sonaba la televisión, a todo volumen
'Nadie se dará cuenta' pensaste, mientras atravesabas la ventana con gran sigilo y agilidad
Al tocar el suelo de escarcha, tus zapatillas se volvieron unas botas negras con unos complicados dibujos en color plata
Levantaste la vista para ver por donde estaba aquél conejo,y tus pies empezaron a correr al vislumbrarlo entre dos tejados más
al saltar, las filigranas de las botas se convertían en unas delicadas alas parecidas a las de las libelulas, pero mucho más resistentes
saltaste entre balcón y balcón, y viste que el conejo, al saltar, sacaba de su tierna espala dos alas blancas como su pelaje, bastante diminutas
-Espera!-dijiste, inútilmente, mientras cada vez saltabas con más seguridad, correteando entre balcón y balcón, muro y muro
llegasteis, en esa travesía enloquecida, a las puertas del bosque
tus pies tocaron el suelo, y al hacerlo, el pijama se convirtió en un extraño abrigo de varias capas, trabajado en grandes bordados con temática de cuervos plateados que expandían sus alas por toda tu espalda, exepto uno, estratégicamente situado en el mismo lugar que tu tatuaje: ese era negro.
el conejó siguió a varios metros, incansable, mientras te detenías un momento mirando hacia atrás
'¿Debería volver?' pensaste, bastante indecisa...pero la curiosidad te podía
al cruzar los primeros árboles, tu cabello creció y creció, rozando el final de tu espalda.
a los siguientes, el frío empezó a hacerse más notable, pero te daba más fuerza: tu piel se volvió aún más pálida, con un toque azulado por las puntas de los dedos; te volvías resistente al hielo
el conejo se paró en una gran esplanada, sobre un viejo tronco talado que en su época debió ser centenario
tus pasos se volvieron más pausados, llegando a él, con mirada curiosa.
Por un momento te supo realmente mal, pero al rebuscar entre los bolsillos de tu magnífico abrigo encontraste un trozo de pastel de zanahoria, y se lo diste
el animalillo se lo comió de buena gana, y al girar sus ojos hacia tu mirada, creó un círculo de hielo a vuestro alrededor, mientras el tronco se convertía en una cargada puerta hecha de doscientas ramas de estalactitas
la puerta, absorta, mientras cogías en brazos el conejo al qual parecía que le habías caido bien
al tocar su piel, notaste que llevaba algo del cuello, una especie de colgante
Era una llave hecha de ópalo, con forma de copo de nieve
al tocarlo, el nudo se deshizo y cayó a tu mano. Miraste la puerta con cierta inquietud
'¿Debería volver?' te preguntaste de nuevo
al hacerlo, todas se empezaron a mover circularmente, separándose de la verdadera puerta, mientras esta se abría de par en par y salía un fuerte aire helado, que te pareció más un suspiro de vida
El bosque empezó a cambiar: los troncos de los árboles se volvieron de un oscuro onix, mientras que sus miles de hojas se volvían del cristal más fino y reluciente. Cuando el viento sopló de nuevo, cada hoja pronunciaba un verso y construían una antigua canción:
Flor de nieve,
extraña entre sus tierras,
dormida entre mil sueños;
Cien años y el bosque sigue durmiendo con su eterno lamento,
dónde está el hielo,?
Miraste el bosque, que empezaba a adueñarse de la esplanada como si cada árbol tubiera la capacidad de andar entre la escarcha, y por un instante, te asustaste
El conejo blanco te miró, con absoluta calma, y pensaste que estaba bien.
Viste en el suelo, entonces, un extraño reflejo obscuro
en el brillante hielo, aparecía la más obscura de tus sombras
Con un extraño efecto, un otro-yo tuyo emergía del hielo, con el cabello profundamente negro, como todos los árboles, y con los ojos blancos y relucientes como el hielo
Su piel era más bien grisácea, con unas uñas acabadas en garras negras, muy bien afiladas. Su vestido era una especie de cristalización de las estalactitas de la vieja puerta.
El conejo saltó a tu hombro, y alzando sus alas todo lo que pudo, empezó a convertirse en una figura de hielo, que terminó siendo de cristal. Dicha figura se difuminó con tu abrigo, convirtiendo todo tu brazo derecho en una magnífica espada de doble hilo que terminaba en dos alas que se aferraban a tu omoplato
Tu otro yo abrió las manos, convirtiendo las garras en dos alas de onix afiladas, que en cada movimiento se hacían más afiladas y mortíferas
Parecía un extraño duelo del que nadie te había informado, pero decidiste que era mejor enfrontarse que escapar para siempre.
Empezó la pelea, en la qual esquivabas como podías los aleteos feroces de aquella extraña sombra. Clavaste una estocada en su ala derecha, y al empujarla contra el suelo, te quedaste enganchada a ella.
el frío ya no parecía para nada agradable; empezaste a sentir un ligero sueño mientras tus cabellos volvían a su largo original. Parecía que las fuerzas te fallaban
de fondo, los árboles de cristal empezaban a marchitarse
y tu espada empezaba a derretirse...
Miraste a los ojos de cristal de tu sombra. te absorbían lentamente, quedándote poco a poco helada
Miraste a los ojos de cristal de tu sombra. te absorbían lentamente, quedándote poco a poco helada
Pero, de repente, giraste tu arma, sacándola de ella, y se empezó a romper a pedazos, fundiéndose contra el suelo
mientras de cada fragmento liberabas al cielo una aurora boreal
toda la escarcha de tu alrededor también se resquebrajó, y los árboles empezaron a crecer más y más fuertes, bajo una inmensa luna llena
El arma se perfeccionó aún más, siendo de doble filo y con una pistola arriba de las hojas, siendo mortífera.
de las escarchas de hielo que empezaban a flotar por el aire, sumándose entre ellas, apareció un gigantesco dragón de cristal, que empezó a rodearte
Con toda la fuerza con la que pudiste, te cogiste del lomo del dragón, el qual era pura energía. Subisteis en espiral hacia lo más arriba de todos los cielos...
En un extraño recorrido, parpadeaste un par de veces y te encontraste de nuevo en tu cama
'¿Un sueño?' pensaste, mientras veías asomarse entre las sábanas un hermoso conejo blanco...
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