THE THIEF OF DREAMS
I
El síndorome de Insomnia
Empezó con un extraño tick que arrastró los días después del accidente, y terminó por convertirse en algo que iba siendo más serio.
Me llamo Insomnia.
Se regaló este nombre después de deslizarse por el extraño túnel que le ha llevado a este extraño bosque, coronándose con las altas copas de los árboles, y acariciada por el suelo húmedo y fresco después de dos días de lluvia.
Si recuerdo mi casa, la recuerdo abandonada.
Cierro los ojos, con la cara desnuda al cielo, y puedo verla como era y como la tengo ahora;
una casita austera, blanca y craquelada en mi corazón.
Me llamo Insomnia;
Es lo único que sé de mí, a parte de que llevo tres noches sin dormir, que tengo los ojos violetas y los párpados rojos.
No hay destino ni principio, ni canciones que recordar ni nadie que acompañe su camino, excepto uno de solo: Thalius.
El ser más centenario de todo este lugar, brota del corazón modesto de un riachuelo lleno de ramas secas y hongos rojizos, casi tanto como mis párpados.
Decidió quedarse en los pies de dicho árbol, dejando que el tiempo pasara, incontable, por entre la larga cabellera plateada, llena de enredos y hojas secas, hasta que escuchó que alguien se aproximaba.
Su corazón se paró en seco, pero decidió subirse a resguardo en Thalius.
Una chica se aproximó con calma al riachuelo; tenía el pelo cortado a media melena-parecía hecho con un cuchillo- desgastado en color,de castaño a negro.
Toda su ropa era del mismo color, severo y liso,casi parecía ir de luto.
Se quedó absorta en el fluir de las aguas y dejaba que los reflejos fueran explicando histórias mudas que parecía entender, en un lapso temporal que no parecía tener ni principio ni final, hasta que deslizó su mano hacia el bolsillo, sacando una pequeña bolsita de terciopelo rojo, de la que sacó un ópalo lechoso que irradió un tono rojizo.
Insomnia lo miró atentamente, apoyada ágilmente de una sola rama, y al ver que la chica se disponía a tirarlo a las aguas, hizo un salto hacia ella, apoyándose en su espalda y agarrando con fuerza su mano.
-No-dijo Insomnia, apretando sus manos, con la piedra aplastada entre las dos.
La chica giró su cara, sorprendida, hacia aquella extraña que le había saltado encima,para después fruncir sus labios en desagrado.
-Debe hundirse-le dijo, sin preguntarle quién era o qué quería.
-No- repitió, incansable.Apartó la piedra y la deslizó dentro de su boca, donde pudo entender su auténtico origen: sabia a sueño. Podía ver la portadora, hablando con su subconsciente de sus ilusiones y miedos, en extrañas imágenes oníricas, y cada vez que intentaba ir más allá, el Ópalo se deshacía más rápidamente en su boca, como una delícia de chocolate.
Insomnia se plantó en el suelo lleno de hojas secas, y siguió mirándo firmemente a la chica de negro.
-No es tuyo-le respondió, una vez el sueño se había deshecho del todo.
-Tampoco tuyo-le respondió la chica, algo incómoda.
Hubo un largo silencio, en el que el viento acarició una melodía con las hojas, los pájaros cantaron a descorde y las nubes siguieron sus diversos caminos hacia el atardecer.
-Soy Insomnia- concluyó, con una pequeña sonrisa en los labios-Me he comido tu no-sueño.
La chica esbozó una sonrisa, algo más relajada.
-Yo soy Wira, aunque tengo muchos más nombres-respondió-por uno no pasa nada.
Insomnia se sentó cerca del río, con un posado algo más serio:
-¿Tú has visto mi último sueño? -preguntó, mientras se quitaba una hoja seca de su cabello.
-He visto la estela que ha dejado, pero no lo he podido coger-contestó Wira, mientras miraba absorta el pelo albino de su nueva y extraña amiga.
-¿Tú ves muchos sueños?-siguió.
-Bastantes...-dejó un largo silencio-pero a veces me atasco en los de personas concretas-pareció recordar algo en especial.
-¿Porqué?-siguió Insomnia.
-Porque me enseñan lugares a los que no puedo ir, exeptuando por ellas- respondió Wira, mirando hacia el cielo.
Se escucharon otros pasos entre las hojas secas, y la chica miró con pánico a Insomnia, que despreucupada, la cogió de la cintura y ambas subieron a la parte más alta del árbol
Wira apretaba muy fuerte los brazos de Insomnia, mientras le susurraba:
-Llévame lejos de aquí o se me caeran los otros sueños-tosió con violencia, y una turmalina negra le resvaló de la lengua hacia el vacío, chocándose contra el suelo con un extraño sonido de campanilla.
Ambas partieron hacia el final del bosque, donde empezaba un séquito de casas bajas.
Las dos iban, esta vez, a pié.
-¿Puedo venir contigo?-Preguntó Insomnia, muy curiosa al ver todo aquello tan distinto de lo que conocía de hacía tan poco.
-Puedes- sonrió Wira, mientras cruzaban una calle y llegaban a una antigua casa de dos plantas y torre lateral, con un tono pálido y gastado en sus paredes, y los tejados de teja anaranjada.
El jardín principal y trasero estaba lleno de hojas secas, mezcladas con collares y demás baratijas, las que dejaban algunas hurracas que vió cruzando el aire.
II.
La casa de Wira
Dieron la vuelta a todo el edificio, y entraron por una estrecha puerta que había al lado de la auténtica puerta trasera que daba a la cocina.
Insomnia se giró un momento, viendo una austera casita de jardinero.
-Tú duermes allí-acertó la albina, mientras seguia a Wira de cerca.
La chica no respondió, dando por obvia la respuesta, mientras el viento se levantaba y enfriaba el ambiente de la casa con la torre.
En realidad, aquél lugar parecía abandonado:las hojas se acumulaban por el suelo de moqueta, casi tanto como en su exterior, las paredes estaban desconchadas y pequeñas plantas se abrían paso por entre las pequeñas brechas que surgían de muchos lugares distintos.
A pesar de ello, también es cierto que había un extraño orden, como si dentro de la maleza hubiera una cierta pulcritud: de las enredaderas colgaban pequeñas luces anaranjadas, y de las hojas del suelo se podía deducir un extraño patrón de alfombra.
Insomnia observaba todo con gran detalle, temiendo perder algún secreto oculto, porque ese lugar parecía explicarle mil historias distintas en una a la vez, y era demasiado maravilloso el olor que desprendía el aire encerrado.
Wira se desplazó a la sala principal, que daba a unas escaleras que se extendían hacia la torre por un lado, y a la ala oeste por el otro.
Sin dudarlo, Insomnia volvió a subirse encima de la espalda de Wira, quedando su cabeza a unos centímetros de la chica.
-Me gusta-concretó la chica, mientras miraba el techo y su gran lámpara hecha de mil fragmentos de otras lámparas, que brillaba del mismo naranja que todas las anteriores.
-Hogar es mi corazón- murmuró Wira,pensativa, mientras subíalas escaleras que daban a la torre; no parecía importarle que Insomnia se le subiera de aquella forma y sin previo aviso.
Llegaron a la única sala de la torre, que parecía ser una especie de altillo decorado con vestidos que hacían de tapices para las paredes: podía leer todos los colores que no están vistos, y cada uno era más suave y delicado que el anterior: Insomnia iba desnuda des de todo su camino, porque había despertado así en el bosque.
Insomnia bajó otro momento, mientras pasaba sus manos por entre cada tejido y escuchaba los pájaros cantar a lo lejos.
-Tú tienes muchos sueños secretos-dijo, mientras se ponía un vestido muy largo, de color azul oscuro y con seis constelaciones bordadas en el cuello, que terminaba abierto por la espalda en una forma circular.
-Tú también los tienes-respondió Wira.
Se dió cuenta que la chica no miraba fijamente, y sospechaba que fuera invidente.
-Vino alguién a Thalius-siguió Insomnia.
-Lo sé, lo sabes- respondió la otra, que parecía incomodarse más.
-Sueñas con los que ves sus sueños-susurró.
Hubo otro largo silencio, mientras la noche empezaba a caer con rapidez, tiñiendolo todo con sus oscuras sombras.
Después, ella recordó, cantando sin voz:
Si recuerdo mi casa, la recuerdo abandonada.
Cierro los ojos, con la cara desnuda al cielo, y puedo verla como era y como la tengo ahora;
una casita austera, blanca y craquelada en mi corazón.
Me llamo Insomnia;
Es lo único que sé de mí, a parte de que llevo tres noches sin dormir, que tengo los ojos violetas y los párpados rojos.
III.Piedra-Luna
Wira volvió a darle aquella mirada, como asustada, mientras parecía recordar algo importante.
No dijo nada, y descendió de la torre hasta la casita de jardinero: pudo verlo a través de una pequeña ventana.
Insomnia la siguió de lejos, con calma y sin preucuparse.
A cada paso que daba Wira por la casa, las hojas temblaban y las luces parpadeaban ténuemente.
Llegó a la habitación del jardinero, pero solo observó tímidamente por una estrecha ventana:
Dentro se apretujaban toda clase de velas, atestando las esquinas e incluso el techo; algunas de ellas colgaban como estalactitas, otras se deshacían y creaban ríos blanquecinos.
Parecía hacer calor: en el centro de la sala solo había un sencillo futón negro, en el que yacía aquella joven, esta vez completamente desnuda. Su cuerpo estaba lleno de símbolos trazados en tinta roja, que no podía entender.
Poco a poco, su cuerpo empezó a elevarse, quedando su cabeza más elevada que sus piernas: parecía nadar en un mar invisible, algo que Insomnia no podía llegar ni a percibir.
La chica parecía hacer un profundo viaje: cada vez que pronunciaba una palabra, las velas temblavan y un relámpago sonaba a lo lejos, en aquél modesto pueblo, dónde empezaba a nacer una tormenta.
-Agua-
musitó primero, mientras sus ojos se quedaban en blanco y sus manos trazaban símbolos invisibles en el aire. El mar invisible tenía un oleaje intenso y denso que desbordaba la cabaña entera.
-Luna-
Fue lo segundo que dijo, después de un largo silencio, mientras un círculo oscilaba por encima de su cuerpo, a escasos centímetros.
Insomnia tenía unas grandes ansias por saber que sucedía dentro de aquél extraño trance, pero sabía que aquél no era el momento para averiguarlo.
-Piedra-
El círculo empezó a crear un movimiento constante, mientras se iba estrechando con rapidez, adquiriendo unas tonalidades cristalinas, hasta crear un objeto verídico: Una pequeña piedra se quedó suspendida en el aire mientras Wira caía contra el futón con bastante violencia. Al hacerlo, las sábanas que lo cubrían se deslizaron, convirtiéndose en sus ropas originales.
Su frente estaba emperlada de sudor, mientras las velas parecían crepitar con más estruendo; se tensaba con fuerza, apretando sus manos contra los márgenes del futón, mientras dejaba ir un gruñido de dolor.
Las velas se derretían a una velocidad impresionante, creando un afluente río que se mezclaba con el mar invisible, llenando absolutamente todo aquél estrecho espacio.
-Wira- proncunció Insomnia, mientras una pequeña sombra de preucupación teñía su mente.
Los cristales de las ventanas estallaron, y la cera empezó a darse paso, evitando rozar los pies de la albina.
-Wira-dijo una segunda vez, viendo como todo empezaba a recular con mucha rapidez,convirtiéndose la sala a su estado original.
La chica abrió los ojos de nuevo, se giró, cayendo al suelo, y empezó a toser con mucha fuerza, tapándose la boca con una mano.
Vió que sus iris eran rojos.
Se arrastró con lentitud hasta la puerta, e Insomnia la levantó con agilidad, haciendo que se apoyara en su espalda.
Travesó media casa hasta llegar a la torre, donde la dejó en el suelo enmoquetado.
-No quiero estar aquí-dijo la chica, con la voz ronca.
-¿Porqué?-preguntó Insomnia.
Wira tosió de nuevo, acompañado de un gutural sonido de náusea.
-C...cuer...vos-murmuró mientras escupía una pieza del tamaño de una nuez.
Insomnia la cogió con delicadeza y miro la piedra que había vomitado: era otra turmalina, esta vez facetada y pulida.
-No van a seguirte- dijo, poniéndose la piedra en la boca:
se deshizo suavemente, como una delícia de chocolate.
Sabía a lugares olvidados, a alas negras y secretos con té.
Cerró sus ojos con intensidad: veía un rastro de símbolos, de gestos, de pistas...tan intensas que le abrumaban, hasta que sintió que el sueño se había deshecho del todo.
-Wira-dijo de nuevo.
-No tengo tu sueño-respondió, leyéndole la mente-.
Los silencios reinaban entre ellas: era un diálogo eterno que no necesitaba de palabras.
-Debes guardarte-concluyó la albina-yo vigilaré Casa.
-No tiene porqué venir-
-No me refería a los cuervos. Me refería a Venenarie-
-¿Qué?-dijo, desencajada.
-Lo he visto entre las escamas de la turmalina, tienes una esquirla de veneno en la garganta, y nadie te la va a poder sacar. Y tienes miedo. Miedo de cosas que ni siquiera han pasado- Insomnia daba vueltas alrededor de Wira, que seguía tumbada en el suelo, pensativa.
Las velas se derretían a una velocidad impresionante, creando un afluente río que se mezclaba con el mar invisible, llenando absolutamente todo aquél estrecho espacio.
-Wira- proncunció Insomnia, mientras una pequeña sombra de preucupación teñía su mente.
Los cristales de las ventanas estallaron, y la cera empezó a darse paso, evitando rozar los pies de la albina.
-Wira-dijo una segunda vez, viendo como todo empezaba a recular con mucha rapidez,convirtiéndose la sala a su estado original.
La chica abrió los ojos de nuevo, se giró, cayendo al suelo, y empezó a toser con mucha fuerza, tapándose la boca con una mano.
Vió que sus iris eran rojos.
Se arrastró con lentitud hasta la puerta, e Insomnia la levantó con agilidad, haciendo que se apoyara en su espalda.
Travesó media casa hasta llegar a la torre, donde la dejó en el suelo enmoquetado.
-No quiero estar aquí-dijo la chica, con la voz ronca.
-¿Porqué?-preguntó Insomnia.
Wira tosió de nuevo, acompañado de un gutural sonido de náusea.
-C...cuer...vos-murmuró mientras escupía una pieza del tamaño de una nuez.
Insomnia la cogió con delicadeza y miro la piedra que había vomitado: era otra turmalina, esta vez facetada y pulida.
-No van a seguirte- dijo, poniéndose la piedra en la boca:
se deshizo suavemente, como una delícia de chocolate.
Sabía a lugares olvidados, a alas negras y secretos con té.
Cerró sus ojos con intensidad: veía un rastro de símbolos, de gestos, de pistas...tan intensas que le abrumaban, hasta que sintió que el sueño se había deshecho del todo.
-Wira-dijo de nuevo.
-No tengo tu sueño-respondió, leyéndole la mente-.
Los silencios reinaban entre ellas: era un diálogo eterno que no necesitaba de palabras.
-Debes guardarte-concluyó la albina-yo vigilaré Casa.
-No tiene porqué venir-
-No me refería a los cuervos. Me refería a Venenarie-
-¿Qué?-dijo, desencajada.
-Lo he visto entre las escamas de la turmalina, tienes una esquirla de veneno en la garganta, y nadie te la va a poder sacar. Y tienes miedo. Miedo de cosas que ni siquiera han pasado- Insomnia daba vueltas alrededor de Wira, que seguía tumbada en el suelo, pensativa.
VI- Venenarie
La noche fue calmada y reconfortante, y Wira recuperó algo de vitalidad, hasta que despertó.
Insomnia, como bien se había coronado, no durmió en toda la noche: se dedicó a hablar con los pájaros, acariciar las hojas y mirar el cielo teñirse con la luz del amanecer, hasta que la vió.
Venenarie tenía la misma cara que podría tener un falso profeta, las mismas manos que podría tener la traición y la misma estatura que...bien, un pato.
En Insomnia se despertó algo, una alerta,una llamada.Miró la torre, como si pudiera ver a Wira a través de las paredes, aún dormida.
Podía observar la esquirla negra que dormía en su garganta, tiñiendo todos sus pulmones.
Se giró de nuevo, la otra moza estaba en la entrada; vestía una blusa de satén ocre, unos pantalones oscuros y botas a juego con la chaqueta:hizo una sonrisa cálida y fría a la vez, con una pomposidad desesperante.
-Fuera- fueron las primeras palabras de Insomnia como guardia. Algo en su corazón le llamaba.
-¿Así das la bienvenida a otra de su casa?-Dijo Venenarie, con una voz templada.
Detrás suyo iba otra chica; parecía una maldición, de algún modo sabía que eran espejismos de un pasado que no reconocía ni suyo ni de Wira...entre dos tierras.
La otra chica era tan importante que ni siquiera necesitaba presentarse, tan fundamental como el aire que acarició todas en aquél momento.Por ella podría caer Troya.
-Basta-susurró Insomnia.
Un alarido quebrantó el cielo, y salió de su ensoñamiento: aún estaba la ventana abierta, y podía ver Wira minutos antes de elevarse en su pequeña habitación.
Entró con lentitud y apoyó su mano contra el corazón de la chica, impidiendo que empezara con el ritual.
-Agua.Luna.Piedra.-siguió- Si haces eso, te envenenarás-le dijo con suma calma- No robes ese sueño-.
Wira la miró fijamente,con una expresión seria, casi como si supiera a que se refería.
-Debo seguir el hilo-respondió, en un susurro- Chica, soy una ladrona de sueños, es mi tarea en este mundo: soy el olvido tanto de pesadillas como de buenos sueños, hago que los humanos no recuerden nada, por lo tanto, que sean felices en su dulce amnesia-.
-No-volvió a decir Insomnia.
Hubo un largo silencio, y se miraron fijamente a los ojos, en otro oleaje de ideas y sentimientos encontrados.
Finalmente, Wira se levantó del futón y salió de su habitación, quedándose en el patio y mirando la Luna llena.
-¡Muerte a la Luna! -susurró, más hacia sus adentros que hacia el mundo exterior, en un cierto toque de nostálgia.No entendía porqué había acojido a aquella chica albina, pero había algo en ella que le daba paz.
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